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jueves, 26 de mayo de 2016

JAÉN, UN MUSEO ÍBERO SIN TECHO.

Jaén atesora uno de los legados íberos más importantes del país. El Centro de Investigación en Arqueología Ibérica, liderado por la Universidad jiennense, aporta conocimiento para la puesta en valor de uno de los pueblos que marcaron la historia antigua de España.  Escrito por Alberto. F. Cerdera.
La cultura íbera es todavía una gran desconocida. A pesar de ser una civilización fundamentalmente española y que ha dejado un importante legado arqueológico que ha llegado a nuestros días, el pueblo íbero no tiene la consideración que se merece, y queda eclipsado por otras civilizaciones que llegaron a la Península y cohabitaron con ellos.
Caja de los Guerreros - necrópolis de Piquia, Arjona.
A los íberos les debemos el uso del hierro; muchas de las herramientas que hoy día se utilizan en la agricultura tienen su origen en esta época. También aportaron grandes avances en la cerámica, al ser los introductores del torno y, por tanto, haber dado un paso a la producción en serie de este material. Les debemos el concepto de urbano de la calle, su estructura y fortificaciones. Y otra de sus grandes contribuciones que nos dejaron fue la escritura, ya que los íberos fueron los primeros habitantes de lo que hoy se llama España que desarrollaron textos escritos, aunque sí es cierto que no en papel, sino en piedra.
A pesar de todas estas aportaciones, la cultura íbera tiene que acarrear con el marchamo de ser considera como una cultura primitiva, lamenta el director del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, Arturo Ruiz.
Este centro se ha convertido en uno de los puntos de referencia nacional para el estudio de esta cultura y la aborda no sólo desde el punto de vista histórico y arqueológico, sino que la analiza con un enfoque multidisciplinar, que permite tener una visión más completa de lo que era la vida en la España de la época.
En Jaén hay un importante legado íbero que ha llegado a nuestros días. Esta provincia está dentro del núcleo de expansión de esta cultura, que se desarrolló fundamentalmente en el Sureste. En provincias como la propia aén, o en las vecinas Albacete, Alicante, Murcia, Granada y Córdoba es donde se localizan las necrópolis, los grandes asentamientos, las esculturas, afirma Arturo Ruiz.
Sin embargo, lo que hace importante a Jaén en cuanto al patrimonio ibérico es contar con el Instituto de Investigación. “Aquí trabajan muchos equipos no sólo de la Universidad de Jaén, sino de todo el país y en los últimos treinta años. No es que en Jaén haya mucho patrimonio, que lo hay, sino que lo que la hace más importante es que estas investigaciones han contribuido a conocerlo y estudiarlo en profundidad”.

El trabajo de este centro, en el que el uso de las últimas tecnologías para la investigación arqueológica está a la orden del día, está contribuyendo a eliminar uno de los grandes mitos que acompaña a la cultura íbera. Quizás por el desconocimiento, a los íberos se les ha tachado de “primitivos”. Sin embargo, las investigaciones realizadas en el Instituto están mostrando justamente lo contrario. “Los hallazgos de Porcuna, en el yacimiento de Cerrillo Blanco, nos ha permitido mostrar la riqueza de la cultura íbera, aunque aún se necesitan años para ir consiguiendo que haya una transferencia de resultados, que popularice de algún modo la importancia de esta cultura”, dice Arturo Ruiz.
Cerrillo Blanco, Porcuna.
El respeto que merecen los íberos vendrá después de la puesta en valor de los yacimientos arqueológicos y de apuestas para la divulgación de la historia de este pueblo. Una de ellas es Viaje al Tiempo de los Íberos, una iniciativa que lideran la Diputación de Jaén y la Junta de Andalucía, con la que se están poniendo en valor los lugares de interés relacionados con este pueblo. “Ése era uno de los problemas”, dice Arturo Ruiz, “hay un gran legado íbero que no podía verse, porque los lugares de interés no estaban adecuadamente adecentados, no había un museo de cultura ibérica…”.
El director del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica considera que se está en un “punto de inflexión” para que la gente conozca la cultura ibérica a través de iniciativas como las que se están llevando a cabo en la provincia de Jaén.

El centro de la Universidad de Jaén también es el encargado en España de una iniciativa de calado tanto nacional como internacional, como La Ruta de los Fenicios. Se trata de una iniciativa que aspira a poner en valor las incursiones que realizaron los fenicios en los diferentes pueblos mediterráneos.
Desde la Universidad de Jaén, el objetivo marcado, y así lo expresa Arturo Ruiz, es mostrar los enclaves relacionados con este pueblo de comerciantes mediterráneos y su relación con las culturas autóctonas, que en el caso de España es la íbera. “En Italia está desarrollada, en Túnez también; la Organización Mundial del Turismo está interesada en la puesta en valor de la Ruta de los Fenicios porque ésta fue una cultura que aportó muchas novedades desde un punto de vista tecnológico, desde el punto de vista del diálogo mediterráneo”.
La creación de los itinerarios fenicios está en pleno crecimiento. En realidad se trata de la adhesión de entidades locales, provinciales, universidades a esta iniciativa, para una puesta en valor de estos enclaves y la creación de una oferta de turismo histórico y cultural, que lleve a conocer las intensas relaciones que se establecieron con este pueblo de comerciantes mediterráneos.
Pasarriendas - necrópolis de Piquia, Arjona
Otro de los proyectos ambiciosos del Instituto jiennense es la puesta en valor de los enclaves relacionados con la Batalla de Baécula, en el municipio de Santo Tomé, un enfrentamiento armado en el año 208 a. C., durante la Segunda Guerra Púnica, entre el ejército cartaginés de Asdrúbal y el ejército romano, a las órdenes de Escipión. Esta batalla supuso el primer enfrentamiento a gran escala de Escipión contra los cartagineses, después de que hubiese tomado el mando de las tropas romanas en la Península Ibérica. Y ahora también ha abierto una línea nueva relacionada también con la Segunda Guerra Púnica, para estudiar los asedios romanos a ciudades que apoyaban a los cartagineses, como Iliturgi, situada junto a la actual Mengíbar, y que formaba parte de lo que se conoce como la Ruta de Aníbal.
Aparte, el Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica trabaja en el yacimiento de Puente Tablas, apenas a tres kilómetros de Jaén capital, en el que se descubrió uno de los santuarios más importantes de la cultura ibérica, en el que cada equinocio se reproducía un ritual con las sombras creadas por las construcciones que, de alguna manera, hacían honor a la fecundidad.
Exvoto - Museo de Castellar
El próximo año se acometerá la excavación en el yacimiento de Castellar, muy conocido por los exvotos que han aparecido a lo largo de estos años y donde aún no se ha realizado un intervención de gran calado como es la que se quiere realizar por parte del centro que dirige Arturo Ruiz.
Vinculados a este centro hay una veintena de investigadores de la Universidad de Jaén, sin embargo, el calado de sus trabajos van más allá de la arqueología y la historia, con apuestas transversales, que llevan al desarrollo de proyectos relacionados con la química o la paleoclimatología, entre otras disciplinas, que de una manera distinta se acercan al pasado íbero de la región Sureste de la Península.

Nuevas publicaciones.
El Instituto de Investigación en Arqueología Ibérica ha presentado recientemente dos publicaciones en las que se da buena muestra de sus trabajos:
Jaén, tierra ibérica recoge las intervenciones arqueológicas más relevantes que se han desarrollado en Jaén en los últimos cuarenta años.
Por otro lado, La Segunda Guerra Púnica en la Península Ibérica. Baecula, arqueología de una batalla es un trabajo que muestra las últimas aportaciones científicas al análisis de la Guerra de Aníbal y los resultados del Proyecto Baecula, considerado como un paradigma para la investigación de campos de batalla antiguos.


 Fuente: http://novaciencia.es/web/   por Francisco Molina Pardo. 26/05/206

domingo, 8 de mayo de 2016

SANTUARIO DEL CERRO DE LAS ATALAYUELAS, FUERTE DEL REY.


 El santuario del cerro de las Atalayuelas, en el municipio de Fuerte del Rey, se sitúa en una posición privilegiada. Una elevación que permite el control de su entorno, la entonces Oretania de la campiña de Jaén, que hacia el oeste se abre hacia Arjona, situándolo en línea con su oppidum íbero.

Este santuario se levantaría en la época de las transformaciones que trae al territorio la llegada de Roma, hacia el siglo I a.n.e. El templo se situaba fuera del oppidum, junto a la fortificación. Construido de forma aterrazada, al modo de otros santuarios como el de Castellar o Torreparedones, se han identificado dos espacios. Uno de ellos tendría carácter votivo, como dependencia para las ofrendas.  La adaptación a la nueva cultura colonizadora hace que en el lugar se hallaran junto a la cerámica ibera algunos elementos ya plenamente romanos. El santuario sufrió un importante expolio en el año 2002, pero aún así se ha podido recuperar curiosos objetos como la llave del templo.
Entre las ofrendas depositadas en el edificio sacro destacan dos exvotos muy esquemáticos, que representan dos orantes desnudos, las figuras de un hombre y una mujer, realizados en hierro, con los brazos extendidos y las palmas de las manos abiertas. Una imagen que se repite en exvotos de otros santuarios iberos de Jaén, como los de Despañaperros, realizados en bronce.  Entregar un exvoto al templo es un ritual curativo, para una sanación, por lo que a veces el objeto representa un pie, o una mano. También eran frecuentes, entre otros,  los ritos de fertilidad, como es el caso de los exvotos realizado en piedra caliza de Torreparedones. También puede ser  un ofrecimiento ante la petición de protección a un guerrero ante la batalla.  El exvoto refleja la relación entre el orador y la deidad, su petición o su agradecimiento por el favor concedido.
En el cerro de las Atalayuelas se encontró una estela de arenisca, tallada con un relieve, datada hacia los siglos II-I a.n.e. Una escena de siete figuras, tres femeninas y cuatro masculinas, aunque apenas se pueden distinguir porque su vestimenta es similar, y no tienen apenas adornos o tocados que los hagan diferentes o  identifiquen. Aunque conocida como Danza Bastetana, en realidad las figuras no están danzando, ni nada indica música o algún tipo de ritual. En el Vaso de Liria si quieren mostrar las figuras en movimiento, cogidos por las muñecas, con dos personajes que encabezan la procesión con un aulós doble y una flauta.  No es el caso de la placa de las Atalayuelas. Los personajes miran de frente,  nada indica movimiento alguno, excepto los pies, iguales, girados a la izquierda. No están cogidos de las manos (o las muñecas) aunque se rozan, y la forma de brazos y manos recuerdan el gesto íberio de la oración, de su presentación ante una deidad, vista en los exvotos.

La única diferencia en las figuras es su tamaño, como si quisieran resaltar una jerarquía, una diferencia de edad, destacando más grandes las figuras centrales que por algunos detalles de su vestimenta se puede encontrar alguna peculiaridad entre la túnica masculina y una falda larga femenina. Un hipótesis es que podría ser la representación de un grupo social, una familia en un exvoto común para todos sus miembros. Algo que podría ser novedoso cuando lo habitual es la expresión individualizada en cada exvoto, o la representación en bulto redondo como es el caso de la pareja de oferentes del Cerro de los Santos en Albacete, del siglo II a.n.e.

lunes, 4 de febrero de 2013

PICASSO Y LOS EXVOTOS IBEROS DE JAÉN

"La dimensión primitiva de las esculturas ibéricas fue el primer desencadenante de una serie que decidió a Picasso a adoptar un vocabulario y una sintaxis artísticas auténticamente personales (opuestas al lenguaje fundamentalmente decimonónico que parafraseaba antes de 1906)" William Rubin.
En París está de moda el arte íbero desde que el Louvre adquiriera la Dama de Elche, a finales de 1897.  Desde ese momento se multiplican los estudios de arte ibérico y en la primavera de 1906 el museo acogió una exposición sobre las esculturas encontradas en los yacimientos de Osuna (Sevilla) y el Cerro de los Santos (Albacete). Es el momento del mayor auge y divulgación, si bien este arte empieza a interesar años atrás: en torno a 1900 numerosas excavaciones, investigaciones y publicaciones darán lugar a un ascenso de lo ibérico.  La demanda de lo exótico y ancestral, marcado por el orientalismo tan de moda en la Europa de aquella época, propició que se realizaran falsificaciones, especialmente de las damas del Cerro de los Santos, cuya controversia propició la difusión de la cultura ibérica. 


El arte ibérico también rondará por la  cabeza de Picasso en esa búsqueda de las raíces figurativas. En el verano de 1906 el artista malagueño visita una exposición sobre escultura ibérica en el Museo del Louvre. Quedó impresionado de tal manera por la muestra que adquirió algunas cabezas y exvotos en bronce que le servirán de inspiración para algunas de sus obras de arte. Sentía por ellas una gran predilección, admira en ellas su sencillez y el esquematismo geométrico de sus formas. 
En el otoño de ese año concreta varias obras inspirándose en este arte. Se da inicio a lo que algunos autores consideran como la "Fase Íbera", por el paralelismo entre la obra picassiana y su inspiración en exvotos, dibujos y piezas escultóricas íbericas. El rol destacado que tuvo el arte ibérico en las fuertes transformaciones estilísticas sufridas en el quehacer pictórico durante los años 1906-1907, acompañan al artista en su travesía de experimentación, que desembocará en el cubismo. En estos años crea el cuadro Las Señoritas de Avignon, y el arte íbero comenzaba a ser popular entre artístas y críticos de arte.
Mostrados de forma simultánea, las semejanzas son más que meras coincidencias con las piezas arqueológicas halladas en yacimientos de Jaén, como la Lobera de Castellar o el Collado de los Jardines en Santa Elena.  Aunque el influjo se muestra constante y explícito, su huella pervivirá durante toda su trayectoria artística, si bien aparecerá de forma esporádica y más diluida. 
También hay en su ruptura formal una clara influencia del arte africano. En 1907 el museo etnológico de Paris expuso una colección de máscaras africanas que atrajo a muchos artistas jóvenes. Matisse y Derais serán dos de los más entusiastas. Llegaron a adquirir algunas de estas obras e introdujeron a Picasso en los secretos de este arte. Comprendieron que un arte antinaturalista también era capaz de trasmitir muchas cosas a través de formas simples.
 

viernes, 28 de septiembre de 2012

EL SANTUARIO DE CASTELLAR Y LA RELIGIÓN



Los santuarios ibéricos no son templos, como podría interpretarse literalmente. Más bien son un tipo de construcción semejante a los «tesauroi» griegos, cuya finalidad sería el almacenar durante un tiempo los exvotos que los fieles entregaban a los dioses.
Posiblemente en estos santuarios no habría un sacerdocio, con un orden establecido. Quizás para su cuidado estarían unas personas encargadas de su mantenimiento, como “sacristanes”, que mantendrían limpio el lugar y situarían los exvotos en los diferentes lugares destinados a ese fin, como las grietas de las cuevas. Los fieles realizarían sus peticiones ante los dioses directamente, sin intermediación de otras personas
Los santuarios ibéricos de Jaén, como el de Collado de los Jardines o Castellar de Santisteban, se localizan en cuevas, junto a corrientes de agua o fuentes y en parajes abruptos. La ubicación de un lugar sagrado no corresponde a la elección de donde se sitúe la ciudad, si no que va en función de que el entorno natural sea favorable principalmente a donde se manifieste lo sagrado.  El agua tiene un importante papel, al mismo tiempo eran curativas y mágicas. El que tres importantes santuarios íberos se ubiquen en entornos similares, en cuevas y junto a fuentes, es una reminiscencia de un periodo cultural anterior
El santuario de Castellar se data entre los siglos IV y III a.n.e.  Ubicado en la cabecera del valle donde se asienta Castulo,  en un territorio de gran importancia estratégica, conectado por el entorno y las cuencas hidráulicas con el santuario de Despeñaperros, fue uno de los grandes centros de culto íbero.
Se levanta sobre una cornisa rocosa, aprovechando cinco cuevas naturales, con unas hornacinas entre ellas. Una de estas cuevas era el recinto del santuario, propiamente dicho. Enfrente de esta cueva se situaba una explanada artificial, que podría haber sido lugar de reunión de los fieles y donde se resguardaban durante los ritos a sus divinidades, en las cuevas próximas. Era un espacio escalonado, conformado por varias explanadas o terrazas unidas por rampas o escaleras. La jerarquización quedaba remarcada de esta manera.
Entre la cueva principal y la explanada aparecieron la gran mayoría de los exvotos y figuritas de barro, junto a otros objetos muy diversos: clavos, falcatas, sortijas, escudos, etc. También algunas figuras de animales domésticos, caballos o carneros.  Los devotos más pobres ofrecerían diversas piezas si no podían pagar por que les realizaran un exvoto en bronce o en barro.    
En la religión íbera no había sacrificios ni ritos cruentos, si acaso alguna ofrenda de palomas. El exvoto era la propia ofrenda, la propia representación del devoto ante la divinidad. Ninguna figura representa a las deidades iberas. Para los iberos lo verdaderamente importante no era la figura del dios local, si no la función que tenía. Los exvotos están muy relacionados con esto, a veces se resaltan partes de la anatomía o representan miembros, lo que hace posible conocer cual era la función del dios al que se le dona la ofrenda.  Era una creencia de gran pragmatismo.
La religión sufrió influencia de otras regiones mediterráneas,  similares ritos y cultos, pero no influyeron las divinidades de los pueblos colonizadores, no se dieron casos de sincretismo en los santuarios, lo que demuestra un gran conservadurismo en sus creencias.