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jueves, 30 de diciembre de 2010

sábado, 18 de diciembre de 2010

URBANISMO DE UN OPPIDA ÍBERO

Los íberos se agrupaban en núcleos protegidos por murallas que conformaron los primeros asentamientos. Situados en lugares elevados en lo alto de una colina o montaña, que tuvieran buena perspectiva y los protegiera de invasiones o asaltos.
La mayor parte de las estructuras urbanas íberas responden a un modelo arquitectónico que cumple con unos requisitos mínimos, área rodeada por un perímetro defensivo bien delimitado, con espacios interiores para casas o almacenes, separados por calles y espacios públicos. Sin embargo no está claro si pudiéra ya hablarse de la existencia de ciudad, por el concepto de ésta que tenemos. Faltarían edificios específicos destinados a actividades administrativas, templos, palacios, etc.
Las murallas resultan esenciales en los asentamientos íberos, tanto si se encuentran en llano como en lugares elevados que es lo más frecuente. En estos casos, la muralla no recorre todo el perímetro del oppidum, tan solo en el acceso por algunos de sus lados más accesible, como es el caso del oppidum de Puente Tablas, en Jaén.
Localizado en dos cerros, Puente Tablas está amurallado por completo, excepto en su lado oeste, la más inaccesible por el cortado del cerro hacia el rio, aprovechando una zona rocosa. Este oppidum es uno de los más grandes localizados y uno de los núcleos más importante de la campiña de Jaén.
Su acceso estaba resguardado por dos torres o contrafuertes.  El lugar es claramente estratégico, controlaba la llanura del rio Guadalbullón con una extenso control visual sobre la campiña y alrededores. Privilegiado, con un entorno de bosque de galería junto al rio, encinas, pinos, acebuches…Se cultivaba el cereal y habría ganado vacuno y ovicáprido.    En la inmediaciones han aparecido restos de explotaciones mineras de hierro y tal vez una salina.  La ocupación de este asentamiento se documenta desde aproximadamente el siglo VI al III a.n.e
La muralla construida en mampostería, de sillares más o menos regulares, contaba con dos muros en talud, uno exterior formado por piedras mayores, el que debe soportar el ataque directo de los enemigos, y otro interior, construido generalmente con piedras más pequeñas, a modo de refuerzo  Pueden tener las mismas dimensiones, con el espacio intermedio de anchura variable, relleno de piedra y tierra. La muralla de Puente Tablas cuenta con hasta un tercer refuerzo.
Estas murallas estaban revestidas con un grueso enlucido en arcilla, pintado quizás en blanco, lo que daría a la construcción un mayor realce. Adaptado  a las curvas de nivel del terreno en el que se asienta, tiene forma retranqueada,  que permitiría defenderse del enemigo no sólo de frente,  sino también por alguno de sus flancos. Contaba posiblemente con hasta  ocho bastiones de refuerzo.  La parte superior de la muralla estaría construida con adobe o tapial. Podría tener entre 6 a 7 metros aproximadamente de altura. Para contrarestar el empuje de la piedra se reforzó con grandes piedras en la base o "pie de arquitecto" para evitar el movimiento de los muros, por que no se utilizó para levantarla ninguna fosa de cimentación.
No todas las murallas tenían como objetivo principal la defensa. Los oppidum íberos de  Jaén eran sociedades aristocráticas, casi aislados uno de otros como por su orgullo local.  Estas "pequeñas taifas", separadas por una distancia en linea recta de unos 8 kms, fueron incapaces de crear una gran confederación que los uniera para resistir a los invasores. Así, frente a Puente Tablas tendríamos a continuación el oppidum de las Atalayuelas, en Fuerte del Rey,  continuando con los oppidum de Arjona y de Cerrillo Blanco en Porcuna. 
En algunos casos la muralla tenía un valor simbólico o de obstentación del poder del principe o jefe del oppidum. No han aparecido restos de batalla en estas ciudades de la campiña norte, por lo que no parece ser por una cuestión defensiva el levantamiendo de estas construcciones.
Desde el interior apenas se vería la muralla, las casas quedaría adosadas a la misma prácticamente .  El plano de el oppidum de Puente Tablas corresponde a una ciudad en terreno llano, con un desarrollo más complejo que otras ciudades en terrenos escalonados u organizados en ladera. El urbanismo es con calles rectas empedradas, que se cruzan perpendicularmente, delimitando varias manzanas. Las casa eran muy sencillas. Normalmente  tenían forma rectangular.  Constaban de un patio de entrada y dos habitaciones, el espacio mínimo para una pareja y su familia que realizaba gran parte de sus actividades cotidianas en el exterior de la vivienda,  aunque se  distingue la que se dedicaba a alguna actividad, como la molienda, o almacén. Alguna de las estancias podría estar enlosada, pero normalmente era tierra apisonada. 
Conocian además elementos sustentantes, como quizás esta columna con capìtel íbero de piedra hallada en Baeza (y actualmente en el Museo Arqueológico Nacional). De fuste liso con una ligera disminución en su parte superior. Remata en una pieza rectangular con las caras algo rehundidas, divididas en dos frisos y separadas entre si por una especie de pilastra en las esquinas. Decorado con motivos geometricos y pequeñas circunferencias concéntricas. De gran sencillez, está muy lejos de cualquier otro elemento de influencia clásica.
Se construían a partir de zócalos de piedra seca o ligada con fango que sostenían una pared de adpobes o de tapial. Se enlucía con arcilla o yeso y a veces se decoraba con algún motivo pintado. Aproximadamente sus medidas serían de 14 mts de largo por 7 de ancho. 
El patio contaba con un banco corrido adosado a una pared lateral.  Por regla general las viviendas eran de una sola planta, aunque una de las casas de Puente Tablas tiene un patio con un pilar central, y es de mayor tamaño que el resto, pudiendo contar con dos plantas, al tener restos de una escalera. Esto demostraria un mayor nivel social al ser superior que el resto. En esta vivienda se encontraron restos de cerámica griega, lo que refuerza la teoría de mayor status social. Quizá esta fuera la vivienda principal, la residencia del principe en esta sociedad aristocrática.
El techo, formado por un entramado de madera y barro, tendría una inclinación para evacuar el agua hacia la calle o el patio. En este caso, se hacía un drenaje en una esquina para desagüe.