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miércoles, 23 de mayo de 2018

ARCO DE JANO, FRONTERA DE LA BÉTICA

Se ha localizado en Mengibar el mítico Jano de Augusto, el arco que marcaba la frontera entre las provincias Tarraconense y la Bética.

El arco data de la época del emperador Augusto y es el más antiguo de todos los construidos por los romanos en la Península Ibérica.  Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Jaén ha localizdo en Mengibar el Arco de Jano. Este monumento situado en la vía Augusta,  ejercía de linea divisoria entre dos provincias romanas, la Tarraconense y la Bética. La importancia histórica de este hallazgo es extraordinaria porque delimita formalmente la frontera entre ambos territorios. También tendrá repercusiones en el arte, por el descubrimiento en la excavación de elementos arquitectónicos de los que apenas hay presencia en España. 

Erigido en época del emperador Augusto en el año II antes de Cristo, era el más buscado. A partir del siglo XIX los investigadores siguieron las pistas de las inscripciones de los miliarios y estudios que situaban el arco por esta zona del rio Guadalquivir. Tanto es así que el director del proyecto de excavación, Juan Pedro Bellón, ha admitido que buscaron vestigios en el rio antes de hallarlo en el camino de los Romanos, a tres kilómetros de distancia del municipio de Mengíbar.Los arqueólogos han descubierto en buen estado la cimentación del Arco, atravesado por la vía Augusta. Aunque un equipo de expertos italianos se trasladará hasta Jaén para determinar sus medidas, Bellón ha avanzado que la anchura aproximada del monumento era de 15 metros y su altura de 8 metros. Y como el tipo de piedra es similar al de la torre medieval de Mengíbar está convencido de que en el siglo XIII se desmontó el Arco para construir el que hasta hoy es el principal símbolo arquitectónico del municipio.


Las molduras, restos de sillería y otros elementos arquitectónicos encontrados en la excavación permitirán conocer la estructura, el estilo y las dimensiones del arco que marcaba el inicio de la provincia romana Bética sobre la principal vía de comunicación de Hispania. Razones suficientes, según el descubridor, para que se inicie la declaración de bien de interés cultural. Tanto más cuanto que su importancia transciende el ámbito local. A su juicio, marca un hito tanto por su aportación a la historia como porque se construye en la época de mayor esplendor de Roma a instancia de Augusto, su primer emperador.   Para el vicedirector de la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma, Antonio Pizzo, con el descubrimiento culmina una búsqueda de décadas iniciada a partir de diversas pistas sobre la ubicación. Este experto cita en concreto las aportadas por dos miliarios, de Tiberio y Domiciano, en los que se alude arco de entrada a la bética. «Todos sabían que estaba ahí, pero nadie la había encontrado», ha dicho, a fin de destacar que un hallazgo de primer nivel. Ha aclarado, además, que el arco, origen de una vía, no es honorífico, sino territorial. Y, en este punto, ha precisado que no delimita espacios urbanos, sino provincias, lo que le otorga más valor.  

Al igual que Bellón y Pizzo, el director del instituto universitario de investigación arqueológica ibérica, Manuel Molinos, ha resaltado también la importancia del arco. Tras aclarar que disipará determinadas incógnitas respecto a su localización a la entrada a la Bética, ha destacado también que el descubrimiento pone de manifiesto que en la Hispania romana todos los caminos importantes pasaban por lo que es hoy en Jaén, territorio atravesado por varias vías, entre ellas la Augusta, cuyos 1.500 kilómetros de longitud enlazaban las actuales ciudades de Cádiz y Narbona (itinerario que quedó reflejado en los conocidos como Vasos de Vicarello).

El arco de Augusto apuntala el rango de Jaén como franquicia de Roma. Así, el monumento se ha descubierto cerca de cerro Maquiz, el lugar en el que las tropas de Escipión el Africano asediaron a la ciudad ibera de Iliturgi, aniquilada por el general romano.


 

  Fuente:  ABC Cultura. Javier López.  JAÉN. Actualizado:

lunes, 6 de marzo de 2017

SEMINARIO EN ROMA SOBRE LAS BATALLAS DE BAECULA, ILITURGI Y PUENTE TABLAS

El Instituto Universitario de Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén y la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma (EEHAR) del CSIC coordinan un seminario sobre campamentos, guarniciones y asedios durante la Segunda Guerra Púnica y la conquista romana desde la perspectiva arqueológica, que se celebrará en la capital italiana los días 7 y 8 de marzo. Durante este encuentro, coordinado por los investigadores Juan Pedro Bellón y Carmen Rueda (UJA) y Bartomeu Vallori (EEHAR-CSIC), se presentarán los resultados de varios de los proyectos que, desde perspectivas diferentes, contribuyen a ampliar y mejorar la idea que se tiene sobre el ejército romano y su actividad, haciendo especial hincapié en sus aspectos metodológicos, con el objetivo de contrastar técnicas y dinámicas de trabajo. Entre estos proyectos, se presentará ‘la Segunda Guerra Púnica en el Alto Guadalquivir, campos de batalla y asedios: Baecula, Iliturgi y Puente Tablas’.

 El estudio del mundo militar en época Antigua, y en concreto durante el período romano, ha sufrido en las últimas décadas un vuelco teórico y metodológico sin precedentes que está cambiando el conocimiento del ejército y otros aspectos en torno a su actividad. A trabajos realizados desde la historia textual, ahora enriquecidos, se han sumado nuevas perspectivas, desde el estudio de los campos de batalla hasta el de campamentos, pasando por el armamento, la poliorcética, el estudio del territorio y del paisaje y el aprovisionamiento de las tropas, además de innovaciones tecnológicas y sistemas de análisis que han aumentado exponencialmente tanto la cantidad de la información adquirible como la calidad de ésta. En este sentido, este encuentro servirá para analizar las aportaciones en este ámbito de los últimos estudios realizados.


Fuente: http://horajaen.com   Redacción Jaén 06/03/2017   21:11

miércoles, 8 de julio de 2015

ROMANOS CONTRA CARTAGINESES: GUERRA EN EL ALTO GUADALQUIVIR


Expertos del Instituto de Arqueología Ibérica emprenden un proyecto para localizar las evidencias físicas de la destrucción de Iliturgi, una gran ciudad ubicada cerca de Mengíbar, bajo la acusación de haber traicionado al Imperio Romano en la Segunda Guerra Púnica.  El proyecto alcanza también la transformación del culto y del paisaje derivada de aquellos avatares históricos.
El enfrentamiento entre Roma y Cartago durante la Segunda Guerra Púnica tuvo un escenario excepcional en el valle del Alto Guadalquivir. Las tropas romanas, bajo el mando de Escipión el Africano, pretendían contener las fuerzas cartaginesas y especialmente impedir que Asdrúbal Barca reforzara a su hermano Aníbal en la península itálica.
Uno de los episodios más enigmáticos de la guerra entre los dos imperios se produjo en Iliturgi, una ciudad estratégica por su proximidad a las principales vías de comunicación, sus recursos mineros y una producción de cereales que garantizaba el abastecimiento de las tropas. Situada en las proximidades de Mengíbar, junto a la N-VI, vivió en toda su complejidad la tensión de los tiempos, alternando los periodos de influencia cartaginesa y romana hasta que en el año 206 antes de Cristo fue sitiada y Escipíón, bajo la acusación de haber traicionado a Roma para volver a los brazos de Cartago, ordenó su destrucción. A la luz de las fuentes documentales, esta es la primera destrucción sistemática de una ciudad en la península ibérica durante un conflicto bélico. Sin embargo, todavía no se han hallado evidencias arqueológicas de este episodio.
  
 Expertos del Instituto Arqueológico Alemán y de la Universidad de Sevilla realizaron algunas investigaciones puntuales en los años 80 con el objetivo de encontrar las pruebas de la ciudad destruida, pero no tuvieron éxito. Ahora, un equipo del Instituto de Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, bajo la dirección de Juan Pedro Bellón, ha puesto en marcha un proyecto que va más allá del mero conflicto militar, para alcanzar también la repercusión que tuvo en el culto y en el territorio el enfrentamiento de los dos imperios en este punto de la geografía de Jaén.

El equipo, que ya dispone de los permisos de la Consejería de Cultura para iniciar las excavaciones y 100.000 euros proporcionados con cargo a los proyectos de excelencia de I+D de la Junta de Andalucía para realizar el trabajo, pretende, por una parte, “constatar lo que dicen las fuentes” con las pruebas arqueológicas. Alude por ejemplo, al interés por encontrar las evidencias de la destrucción ordenada .

Al mismo tiempo, la investigadora Carmen Rueda estudiará el impacto de la cultura romana y cartaginesa sobre el sistema culto entre los siglos IV y I antes de Cristo. Juan Pedro Bellón recuerda que Iliturgi partía de un culto tradicional ibérico, indígena, influenciado por las ideologías del mediterráneo, que hacia el siglo III, una vez que lo púnico cobra interés, vira hacia la ideología y tradición cartaginesa para, finalmente, introducir el sistema de culto y la liturgia romana una vez que se produce la invasión.

El investigador subraya que este no es un proceso mecánico y lineal en el que una etapa finaliza para dar entrada a otra, sino que se conforma como procesos ideológicos y políticos en los que la cultura ibérica “asume unas cosas pero no otras. Por ejemplo cuando se siente más atacada por el sistema romano recupera algunas tradiciones antiguas. Incluso después, una vez destruida Iliturgis, Roma negocia con las élites locales y esa aristocracia indígena también despliega este juego”, de modo que conviven tradiciones indígenas con el sistema de culto romano.
La tercera perspectiva que aborda el proyecto es la evolución del paisaje, porque el territorio no es estático, sino que cada cultura lo somete y domestica. Juan Pedro Bellón indica en este sentido que Iliturgi en el siglo IV era una gran ciudad rodeada por un espacio despoblado. Sin embargo, con la llegada de los romanos, disfrutó de varios estatus que no pasaron inadvertidos en el territorio. Recuerda, por ejemplo, que al ser considerada colonia romana se asentaron ciudadanos itálicos -procedentes de la península itálica-, a los que se le adjudicaron lotes de tierra. “Esto es algo que necesariamente se tiene que reflejar en el paisaje porque tienen que hacerse parcelaciones, se construyen casas en el campo y, en definitiva, el paisaje se modifica.”
El equipo está reuniendo cartografías y fotografías antiguas de la zona que permiten un primer avance sobre la evolución paisajística. En este sentido, las imágenes del primer vuelo de un avión sobre la zona en los años 40 permiten apreciar grandes estructuras que posiblemente pertenecían a edificios públicos romanos que, desde la segunda mitad del siglo XX, han desaparecido previsiblemente a consecuencia de la mecanización del campo. “Hasta los años 50 no había tractores ni palas mecánicas” recuerda Juan Pedro Bellón.
El primer hito que se marcan los arqueólogos es la excavación de una serie de torres construidas con grandes sillares que se presupone que pudieron tener una función fronteriza “aunque tendremos que ver para qué se construyeron y cómo funcionaban”. No obstante, el reto, es “delimitar Iliturgi”. La ciudad y su muralla están bien definidas y situadas, pero no su territorio. “No sabemos hasta dónde llegaba políticamente. Creemos que hasta el Alto Jaén y Puente del Obispo, pero no tenemos la certeza”.
El grupo utilizará la metodología investigación desplegada por el Instituto de Arqueología Ibérica en la batalla de Baécula, donde se ha combinado la información proporcionada por las fuentes documentales con el rastreo del terreno para localizar tachuelas de sandalias, monedas y puntas de flecha entre otros restos metálicos para poder situar sobre una extensión de 400 hectáreas los movimientos de las tropas de Escipión y Asdrúbal y el desarrollo de la batalla.

El equipo universitario, por otra parte, ha alcanzado un acuerdo con el Ayuntamiento de Mengíbar para hacer la carta arqueológica del municipio. “En el Instituto de Arqueología Ibérica no queremos ser ajenos a la realidad. Cada vez que hacemos un trabajo de campo nos ponemos en contacto con las autoridades locales entre otros motivos porque entendemos que el patrimonio arqueológico es un recurso”. En este sentido, la carta arqueológica es un instrumento importante de planificación y ordenamiento tanto para proteger el legado arqueológico, como para extraerle el mayor rendimiento social posible. 




Fuente; web saberuniversidad. Encarna Maldonado / 8 JULIO 2015  12:58

viernes, 17 de mayo de 2013

CALZADAS

Polibio, el gran historiador griego del siglo II a.C. visitó la Península Ibérica con ocasión de la Guerra de Numancia, asistiendo a la caída de la ciudad en el año 133 a.C. Es el primer autor griego que menciona, en su Historia, la existencia de una calzada que bordeaba la costa peninsular desde los Pirineos hasta el Estrecho de Gibraltar: «Desde los Pirineos hasta las Columnas de Hércules hay unos 8.000 estadios (unos 1536 km); desde las Columnas de Hércules a Cartagena se cuentan unos tres mil (unos 576 km); desde esta ciudad al Ebro hay aproximadamente dos mil seiscientos estadios (unos 499 km); y desde este río a Ampurias hay mil seiscientos (unos 307 km). Los romanos han medido y señalado cuidadosamente estas distancias emplazando mojones cada ocho estadios».
Construida por los cartagineses en el siglo II a.C, esa calzada era la  Vía Heracleia o Herculea, que toma el nombre de la leyenda griega según la cual el héroe Heracles condujo por este camino los bueyes robados a Gerión en el sur de la Península Ibérica. Partía de Cádiz, la importante ciudad fenicia, y recorría toda la costa mediterránea para terminar en Roma. Unía todas las colonias y factorías fenicias asentadas en la costa meridional y sudeste de España, para continuar a través de las colonias griegas de la costa levantina (Hemeroscopeion, Ampurias y Rosas). Hasta la llegada de los romanos no estaba empedrada, lo que hicieron éstos ya en el siglo III a.n.e. Fue restaurada por  Augusto pocos años antes del cambio de era, y desde entonces se llamó vía Augusta, con una longitud aproximada de 1.500 km. 

Estrabón no visitó Hispania, pero se informó bien sobre la misma en las obras de autores griegos que la recorrieron, como el ya citado Polibio. Describe minuciosamente el itinerario de la vía, que  en gran parte coincide con el de la Vía Hercúlea, antes descrito por Polibio. Se bifurcaba en dos desde la región sur levantina: un ramal seguía el antiguo trazado hasta Cádiz y otro se adentraba en el interior peninsular siguiendo el curso del Guadalquivir, pasando por los centros comerciales más importantes de la Bética, para concluir prácticamente junto al Estrecho de Gibraltar.
Tales ciudades, importantes desde el punto de vista político y económico, fueron conectadas por Julio César. Hispalis (Sevilla), Astigi (Écija), Corduba (Córdoba), Castulo (Linares), Obulco (Porcuna), tenían así una doble alternativa para exportar sus productos a Italia: situar en el puerto de Cádiz la mercancías que eran llevadas a Ostia, el puerto de Roma, por vía marítima, o bien la opción de ascender por la vía terrestre descrita en el texto de Estrabón, es decir, Saitabi (Játiva), ya en la costa, Sagunto, Dertosa (Tortosa), Tarraco (Tarragona), y más al norte, en el llamado Campo Juncario o llano del Ampurdán catalán, cuyo topónimo latino pervive más al norte en el nombre del actual paso pirenaico de La Junquera. Estrabón la describe como "...lo que va desde los extremos del Pyrene hasta los Exvotos de Pompeios, lugar por donde pasa la vía que llaman exterior y que va de Italia a Iberia: concretamente, a la de Baitiké (La Bética)". Y continua la descripción de la via, como se ha bifurcado la calzada "...yendo a parar al mismo sitio que la antigua, a las regiones de Castulo y Obulco, por las que atraviesa la vía hacia Córdoba y Cádiz, los emporios más importantes. Obulco dista de Córdoba unos trescientos estadios. Dicen los historiadores que César llegó en veintisiete días de Roma a Obulco y su campamento cuando se disponía a emprender la batalla de Munda». 
Una de las calzadas entraba en la Baetica desde Castulo e iba paralela al río Guadalimar durante unos quince kilómetros, hasta sobrepasar la confluencia con el Guadalquivir y enfrentarse a lliturgi en Mengíbar, donde se separaban los dos posibles itinerarios hacia Corduba. El más antiguo era el que cruzaba el Guadalquivir hacia el sur para pasar junto a Iliturgi y de allí a Vrgao (Arjona), donde se accedía a la región de los túrdulos de Baetica cuya ciudad más importante era Obulco (Porcuna). Este camino era el más estable y permitía seguir hacia Corduba o descender a las ciudades ibéricas de la Subbética.
Otra via cruzaba el Guadalquivir hacia el oeste y se aproximaba mucho más a su curso; es el que se enumera en los Vasos de Vicarello y el que tenía como punto de partida el arco dedicado a Ianus en el que daba comienzo la Vía Augusta en la Baetica.
Los Vasos de Vicarello son uno de los testimonios más interesantes. También llamados Vasos Apolinares, fueron descubiertos a mediados del siglo xix en la actual Bagni di Vicarello, donde fueron arrojados como ofrenda en el manantial de las Aquae Apollinares. Son cuatro vasos de plata, de entre 10 a 15 cms de altura,  que recogen el itinerario comprendido entre Gades (Cádiz) y Roma. En forma de columna miliaria y estructurados en cuatro paneles enmarcados por columnas, separadas por pilastras con basas y capiteles corintios. Dan testimonio escrito de las diferentes etapas existentes entre Gades y Roma a los viajeros, separadas entre si por una jornada de viaje, lo que permitia realizar el trayecto en etapas regulares y parar al atardecer. Se completa con la indicación de la distancia en millas, tanto de la existente entre cada una de las mansiones como de la suma total del recorrido, 1.841 millas romanas. Debieron fabricarse entre los reinados de Augusto y Tiberio
El trayecto recogido por este testimonio epigráfico resulta coincidente salvo en puntuales divergencias  con uno de las vías documentadas en el Itinerario de Antonino (Item ab Arelato Narbone inde Tarracone…), recorrido que por otra parte no es otro que el que supone el conjunto formado por la via Augusta y la via Domitia.
Se conservan en el Museo Nazionale Romano en Roma. En la Real Academia de la Historia en Madrid se exponen unas reproduciones desde 1953. 

martes, 9 de octubre de 2012

IBEROS CONTRA ROMA

quinquerreme romana
En el año 218 a.c. llegaba a la colonia griega de Ampurias una flota romana, compuesta por grandes quinquerremes con dos legiones a bordo. Soldados de infantería y tambien caballeria, todos al mando de Cneo Cornelio Escipión. Su objetivo, combatir a los cartagineses que se habían quedado en la península tras la marcha de Anibal para invadir Italia. Es el comienzo de la Segunda Guerra Púnica.
Pero no sólo tenia que enfrentarse Escipión con las fuerzas púnicas, también debería conquistar a los habitantes de la península, los iberos. Por medio de alianzas y también asedios, rehenes y derrotas militares fueron doblegando a los diversos pueblos, que fueron forzados a someterse a las legiones romanas. 
Pueblos Iberos
Pueblos iberos, como fueron llamados por los geógrafos griegos por su proximidad al rio Iber, el Ebro. Ocupaban el nordeste de la península y estaba conformado por diversos pueblos. Compartían origenes y rasgos culturales, pero entre ellos también habian diferencias en su carácter, algunos más belicosos, agresivos, otros con mayores riquezas. Diferentes eran los que se situaban cerca de las colonias griegas, más civilizados que los que residian en las estribaciones pirenáicas.
El paso de las tropas de Anibal consiguió que varios de estos pueblos se pusieran de parte del bando cartaginés. 
Según Polibio, Escipión necesitó por tanto asediar a todos los pueblos que le ponian resistencia a su paso desde la costa hasta el rio Ebro, y fue benévolo con los que favorecían su avance. 
En el año 217 a.c. se une a esta fueza Publio Escipión en Tarragona. Cruzaron por vez primera el rio Ebro. Más pueblos iberos se encontraba en su avance hacia el Guadalquivir: ilercavones, edetanos en Sagunto, sedetanos, contestanos y bastetanos en el valle del Guadalquivir. Muchos habían caido bajo el poder cartagines al mando de Asdrúbal. Los Escipiones fueron desplazando a los cartaginenes hacia el sur, cerrando nuevas alianzas con los iberos. 
Los romanos deciden en el 214 a.c. avanzar para poner fin a la guerra en Hispania, según contara Tito Livio.  Pero hubo un error en la táctica bélica, al separar sus fuerzas de ataque y el paso al enemigo de mecenarios celtíberos lo que provocó un total descalabro. Murieron los dos generales romanos, Cneo en Ilorci y Publio en Castulo.  El ejercito romano quedó aniquilado 
Cástulo
Al año, el hijo de Publio llega a la peninsula. Publio Cornelio Escipión se pone al frente  de las fuerzas conquistadoras, adentrándose hasta la Turdetania. Gracias a nuevas alianzas con pueblos iberos avanzó derrotando a los cartagineses hasta Castulo y Baécula, donde en el 208 a.c. Escipión derrota al cartaginés Asdrubal gracias al apoyo de los guerreros iberos, consiguiendo así Roma controlar el valle del Guadalquivir y llegar hasta Ilipa (Carmona).  Anibal atraviesa los Pirineos y cede Iberia a Roma. Sólo les queda acabar de conquistar algunas zonas del territorio y castigar algunas ciudades que habían traicionado la causa romana, como fue el caso de Iliturgi o fieles a la causa cartaginesa como Astapa, que sufrio un cruento asedio. 
Los iberos veian a los romanos como liberadores de los cartagineses. Terminada la conquista de la Turdetania, comprobaron que se quedaban como nuevos señores del territorio. Los ilergates, a la orden de su rey Indíbil se rebelaron y trataron de liberar su territorio y volver  a sus ritos y costumbres. Fue derrotado en la batalla de Ausa.
Sólo quedaba un enclave cartaginés en Hispania: Gades, abandonada por los cartagineses fue conquistada en el 206 a.c. Pero no supuso el fin de las batallas de Roma, aún tendrían que apaciguar focos rebeldes iberos, sobre todo ausetanos y suesetanos. Comenzaba la romanización de Hispania, dividida en dos provincias: Hispania Citerior e Hispania Ulterior.

Y quizás también quedo un enclave en Urgavo, en Arjona. Quizás el principe íbero Iltirtil también ofreciera resistencia a esta dominación, conservando sus costumbres, creencias,  siendo enterrado con todos los honores dados a su jerarquía y sus rituales iberos.

Una resistencia ibera, como pudo haber una resistencia gala en una pequeña aldea de la Galia. Aunque en Arjona la poción mágica seguro pudo ser nuestro aceite de oliva¡¡

jueves, 14 de julio de 2011

BRONCES IBEROS

De los bronces íberos destacan cinco piezas, cuatro halladas en una finca de Mengibar, Máquiz, y la quinta  en la necrópolis de Piquia, en Arjona. 
En 1860 se produce el hallazgo de los cuatro bronces de Maquiz, en un momento que se desconoce la riqueza arqueológica del territorio. Pero estas piezas, junto con otras que aparecieron en la zona, dieron un cambio importante a la historia de Mengíbar, pues Maquiz no es otro lugar que la antigua ciudad iberorromana de Iliturgi.
Formaban parte de un carro íbero. Están realizados en bronce fundido a la cera perdida, con forma de media caña, que se adaptaría a diferentes elementos del carro, como el yugo o el timón central. En todas es visible la argolla o parte de ellas, que servirían de pasariendas. La iconografía predominante es la representación del lobo, animal de carácter mágico para los iberos, aunque también aparece la figura masculina como héroe. Serían parte del ajuar de una sepultura principesca, y debieron reforzar los timones centrales de un carro. Dicho carro podría haber sido usado en un ritual funerario, vinculado a los más altos niveles sociales.
Una de las dos cabezas, que se encuentra depositada en la Real Academia de la Historia en Madrid,  es el aplique para el yugo. Con doble cara, representa por un lado la cabeza de un lobo con las orejas levantadas y lengua que cuelga entre fauces; y por el otro lado la cara de un joven héroe-guerrero con pendientes circulares y torque. 
Las piezas conservadas en el Arqueológico Nacional, una podría ser el aplique de yugo o el timón central, y muestra la cabeza de un lobo con las fauces abiertas; en su parte posterior muestra escenas de tritones enfrentadas a figuras masculinas. La tercera de las piezas también representa la cabeza de un lobo con las fauces abiertas, y en su parte posterior tiene grabadas dos escenas míticas en las que destaca la lucha de jinetes que cabalgan sobre hipocampos, y el enfrentamiento entre un lobo y un jabalí, que simboliza la lucha entre el bien y el mal. 
Los bronces de Maquiz fueron halladas por casualidad. No se tiene por tanto ni la cronología ni donde se ubicaban al haberse descontextualizado.       
 











La quinta de estas piezas singulares es la hallada en la necrópolis de Arjona, la cabeza de un guerrero íbero al que un lobo parece devorar, que se utilizaría como pasariendas. En este caso la pieza está contextualizada, al haberse localizado en la cámara funeraria del principe íbero de Arjona junto a los restos del carro  y datada cronológicamente en el siglo I a. C. Tiene una características muy similares a las halladas en Maquiz, con un elemento clave común: el lobo, tan importante en la cultura íbera.
El pasado mes de Enero se expusieron en el Museo de Jaén, una oportunidad única de contemplar las cinco piezas reunidas.