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miércoles, 8 de julio de 2015

ROMANOS CONTRA CARTAGINESES: GUERRA EN EL ALTO GUADALQUIVIR


Expertos del Instituto de Arqueología Ibérica emprenden un proyecto para localizar las evidencias físicas de la destrucción de Iliturgi, una gran ciudad ubicada cerca de Mengíbar, bajo la acusación de haber traicionado al Imperio Romano en la Segunda Guerra Púnica.  El proyecto alcanza también la transformación del culto y del paisaje derivada de aquellos avatares históricos.
El enfrentamiento entre Roma y Cartago durante la Segunda Guerra Púnica tuvo un escenario excepcional en el valle del Alto Guadalquivir. Las tropas romanas, bajo el mando de Escipión el Africano, pretendían contener las fuerzas cartaginesas y especialmente impedir que Asdrúbal Barca reforzara a su hermano Aníbal en la península itálica.
Uno de los episodios más enigmáticos de la guerra entre los dos imperios se produjo en Iliturgi, una ciudad estratégica por su proximidad a las principales vías de comunicación, sus recursos mineros y una producción de cereales que garantizaba el abastecimiento de las tropas. Situada en las proximidades de Mengíbar, junto a la N-VI, vivió en toda su complejidad la tensión de los tiempos, alternando los periodos de influencia cartaginesa y romana hasta que en el año 206 antes de Cristo fue sitiada y Escipíón, bajo la acusación de haber traicionado a Roma para volver a los brazos de Cartago, ordenó su destrucción. A la luz de las fuentes documentales, esta es la primera destrucción sistemática de una ciudad en la península ibérica durante un conflicto bélico. Sin embargo, todavía no se han hallado evidencias arqueológicas de este episodio.
  
 Expertos del Instituto Arqueológico Alemán y de la Universidad de Sevilla realizaron algunas investigaciones puntuales en los años 80 con el objetivo de encontrar las pruebas de la ciudad destruida, pero no tuvieron éxito. Ahora, un equipo del Instituto de Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, bajo la dirección de Juan Pedro Bellón, ha puesto en marcha un proyecto que va más allá del mero conflicto militar, para alcanzar también la repercusión que tuvo en el culto y en el territorio el enfrentamiento de los dos imperios en este punto de la geografía de Jaén.

El equipo, que ya dispone de los permisos de la Consejería de Cultura para iniciar las excavaciones y 100.000 euros proporcionados con cargo a los proyectos de excelencia de I+D de la Junta de Andalucía para realizar el trabajo, pretende, por una parte, “constatar lo que dicen las fuentes” con las pruebas arqueológicas. Alude por ejemplo, al interés por encontrar las evidencias de la destrucción ordenada .

Al mismo tiempo, la investigadora Carmen Rueda estudiará el impacto de la cultura romana y cartaginesa sobre el sistema culto entre los siglos IV y I antes de Cristo. Juan Pedro Bellón recuerda que Iliturgi partía de un culto tradicional ibérico, indígena, influenciado por las ideologías del mediterráneo, que hacia el siglo III, una vez que lo púnico cobra interés, vira hacia la ideología y tradición cartaginesa para, finalmente, introducir el sistema de culto y la liturgia romana una vez que se produce la invasión.

El investigador subraya que este no es un proceso mecánico y lineal en el que una etapa finaliza para dar entrada a otra, sino que se conforma como procesos ideológicos y políticos en los que la cultura ibérica “asume unas cosas pero no otras. Por ejemplo cuando se siente más atacada por el sistema romano recupera algunas tradiciones antiguas. Incluso después, una vez destruida Iliturgis, Roma negocia con las élites locales y esa aristocracia indígena también despliega este juego”, de modo que conviven tradiciones indígenas con el sistema de culto romano.
La tercera perspectiva que aborda el proyecto es la evolución del paisaje, porque el territorio no es estático, sino que cada cultura lo somete y domestica. Juan Pedro Bellón indica en este sentido que Iliturgi en el siglo IV era una gran ciudad rodeada por un espacio despoblado. Sin embargo, con la llegada de los romanos, disfrutó de varios estatus que no pasaron inadvertidos en el territorio. Recuerda, por ejemplo, que al ser considerada colonia romana se asentaron ciudadanos itálicos -procedentes de la península itálica-, a los que se le adjudicaron lotes de tierra. “Esto es algo que necesariamente se tiene que reflejar en el paisaje porque tienen que hacerse parcelaciones, se construyen casas en el campo y, en definitiva, el paisaje se modifica.”
El equipo está reuniendo cartografías y fotografías antiguas de la zona que permiten un primer avance sobre la evolución paisajística. En este sentido, las imágenes del primer vuelo de un avión sobre la zona en los años 40 permiten apreciar grandes estructuras que posiblemente pertenecían a edificios públicos romanos que, desde la segunda mitad del siglo XX, han desaparecido previsiblemente a consecuencia de la mecanización del campo. “Hasta los años 50 no había tractores ni palas mecánicas” recuerda Juan Pedro Bellón.
El primer hito que se marcan los arqueólogos es la excavación de una serie de torres construidas con grandes sillares que se presupone que pudieron tener una función fronteriza “aunque tendremos que ver para qué se construyeron y cómo funcionaban”. No obstante, el reto, es “delimitar Iliturgi”. La ciudad y su muralla están bien definidas y situadas, pero no su territorio. “No sabemos hasta dónde llegaba políticamente. Creemos que hasta el Alto Jaén y Puente del Obispo, pero no tenemos la certeza”.
El grupo utilizará la metodología investigación desplegada por el Instituto de Arqueología Ibérica en la batalla de Baécula, donde se ha combinado la información proporcionada por las fuentes documentales con el rastreo del terreno para localizar tachuelas de sandalias, monedas y puntas de flecha entre otros restos metálicos para poder situar sobre una extensión de 400 hectáreas los movimientos de las tropas de Escipión y Asdrúbal y el desarrollo de la batalla.

El equipo universitario, por otra parte, ha alcanzado un acuerdo con el Ayuntamiento de Mengíbar para hacer la carta arqueológica del municipio. “En el Instituto de Arqueología Ibérica no queremos ser ajenos a la realidad. Cada vez que hacemos un trabajo de campo nos ponemos en contacto con las autoridades locales entre otros motivos porque entendemos que el patrimonio arqueológico es un recurso”. En este sentido, la carta arqueológica es un instrumento importante de planificación y ordenamiento tanto para proteger el legado arqueológico, como para extraerle el mayor rendimiento social posible. 




Fuente; web saberuniversidad. Encarna Maldonado / 8 JULIO 2015  12:58

viernes, 16 de mayo de 2014

LAS BATALLAS: BAECULA

Una sociedad guerrera, enfrentamientos. Vencedores y vencidos, de los que tan solo para  los primeros queda en la mayoría de los caso el honor y el reconocimiento.  Las batallas forman la historia, es un recurso que llena artes plásticas, es motivo de construcciones arquitectónicas, tema en numismática y artes decorativas. Va implicita con la humanidad, desde las representaciones en las cuevas prehistóricas, con escenas con arcos y flechas hasta el cine contemporáneo. 
A pesar de las desgracias, las ruinas y los desastres de una guerra, es parte de la historia. Aunque son hechos cruentos deben rescatarse, son piezas que completan un gran puzzle, es parte de la cultura.
La arqueología rescata del olvido estos sucesos y difunde por sus investigaciones lo  que desde la más remota antiguedad han sido una base fundamental, desde la narrativa del mundo grecorromano, la importancia de los héroes mediterraneos, la formación de paises y ciudades, mitología. Y una de esas batallas que marcó toda una época se dió en el siglo III a.n.e. en Baecula.
Las disputas entre romanos y cartagineses por hacerse con el monopolio de las industrias y las minas en el entorno mediterraneo, dió lugar en el 208 a.n.e que se enfrentaran dos grandes ejercitos en el cerro de las Albahacas, cerca de Santo Tomé, en la provincia de Jaén.
Localizar un campamento con más de 2.200 años no es sencillo. Una estructura que se levanta con elementos precarios, para una batalla que duró poco más de diez dias  y que no deja apenas huella en la estratigrafía. Y de la que tan sólo para poder hallar el lugar exacto había unas fuentes documentales con unas indicaciones muy escuetas, de los que en la provincia de Jaén se podían encontrar parajes similares en muy diversos lugares. Polibio y Tito Livio entre otros autores, detallan la batalla y aportan datos históricos y topográficos. 
En estos textos se describía que Asdrubal Barca se encontraba acampado junto a Baecula. El general cartaginés recorría entonces los parajes de Cástulo, no lejos de las minas de plata.  Al llegarle aviso de las primeras avanzadillas romanas, cambió el campamento a una posición más estratégica, en un cerro, y se procuró seguridad por un río que fluía a sus espaldas. Allí se protegería  del enemigo y podría hacer tiempo hasta que llegaran los refuerzos de dos generales cartaginenses y poder enfrentarse con Escipión el Africano.
El general romano ya había conquistado Cartago Nova en el año 209 a.n.e. Esta ciudad fundada por los cartagineses había sido su principal puerto estratégico, junto a Gádir. 
El poco tiempo que se tardó en trasladar el campamento desde Baecula al Cerro de las Albahacas fue la primera pista para calcular que la distancia entre uno y otro lugar no sería muy superior a los 5 kilómetros. Y este dato acotaba la zona de busqueda. También por que ya se conocía la ubicación de otros oppidum como Castulo, Isturgi o Iliturgi y por tanto se podía centrar la zona en el entorno de el Alto Guadalquivir. Sitios como Úbeda la Vieja, Giribaile o Cerro del Gato. Los hallazgos de restos de armas, jabalinas o balas de hondas, utilizadas por los honderos baleares que citan las fuentes, pilum o lanzas romanas marcaba sin dudas el lugar concreto. A esto se suman otros restos como los de la impedimenta de los soldados romanos, fíbulas, remaches de corazas, anillo o amuletos. En su mayoría objetos de hierro por lo que se han salvado del expolio.También las monedas, algunas con los efigie de Anibal Barca y el elefante. Pero no solo los objetos, cerca de unos 6.000 recuperados. También las marcas de la empalizada que cercaba el campamento cartaginés. 
Todos los hallazgos arqueológicos han permitido el situar y reconstruir el desarrollo de una batalla de la que se ha podido conocer hasta el movimiento de las tropas romanas por las tachuelas que se iban desprendiendo de su calzado, las clave caligarii de las legiones. Una batalla que en el contexto de su época sería el equivalente a una guerra mundial actual, con el enfrentamiento de las dos grandes potencias mediterraneas.

No se conocen los datos de cuántos hombres participaron en la batalla. Tito Livio habla de 70.000, que podría no ser muy desproporcionada.  Se conoce que en la batalla de Baecula al menos participaron dos legiones romanas. Aproximadamente unos 10.000 unidades entre soldados de infanteria y  caballeria de apoyo, unos 300 aproximadamente. a lo que hay que añadir tropa y mercenarios. Y en clara desventaja numérica, los cartagineses. 
Un hecho histórico que marcó el proceso de romanización peninsular junto a un oppidum ibérico del Alto Guadalquivir, y la interrelación entre la población indígena. No sería hasta bien entrado el siglo I a.n.e cuando las formas de relación con el paisaje, la apropiación del territorio, muestre ya claramente los elementos característicos de la presencia romana, en los sistemas de asentamiento y los factores sociales.


martes, 9 de octubre de 2012

IBEROS CONTRA ROMA

quinquerreme romana
En el año 218 a.c. llegaba a la colonia griega de Ampurias una flota romana, compuesta por grandes quinquerremes con dos legiones a bordo. Soldados de infantería y tambien caballeria, todos al mando de Cneo Cornelio Escipión. Su objetivo, combatir a los cartagineses que se habían quedado en la península tras la marcha de Anibal para invadir Italia. Es el comienzo de la Segunda Guerra Púnica.
Pero no sólo tenia que enfrentarse Escipión con las fuerzas púnicas, también debería conquistar a los habitantes de la península, los iberos. Por medio de alianzas y también asedios, rehenes y derrotas militares fueron doblegando a los diversos pueblos, que fueron forzados a someterse a las legiones romanas. 
Pueblos Iberos
Pueblos iberos, como fueron llamados por los geógrafos griegos por su proximidad al rio Iber, el Ebro. Ocupaban el nordeste de la península y estaba conformado por diversos pueblos. Compartían origenes y rasgos culturales, pero entre ellos también habian diferencias en su carácter, algunos más belicosos, agresivos, otros con mayores riquezas. Diferentes eran los que se situaban cerca de las colonias griegas, más civilizados que los que residian en las estribaciones pirenáicas.
El paso de las tropas de Anibal consiguió que varios de estos pueblos se pusieran de parte del bando cartaginés. 
Según Polibio, Escipión necesitó por tanto asediar a todos los pueblos que le ponian resistencia a su paso desde la costa hasta el rio Ebro, y fue benévolo con los que favorecían su avance. 
En el año 217 a.c. se une a esta fueza Publio Escipión en Tarragona. Cruzaron por vez primera el rio Ebro. Más pueblos iberos se encontraba en su avance hacia el Guadalquivir: ilercavones, edetanos en Sagunto, sedetanos, contestanos y bastetanos en el valle del Guadalquivir. Muchos habían caido bajo el poder cartagines al mando de Asdrúbal. Los Escipiones fueron desplazando a los cartaginenes hacia el sur, cerrando nuevas alianzas con los iberos. 
Los romanos deciden en el 214 a.c. avanzar para poner fin a la guerra en Hispania, según contara Tito Livio.  Pero hubo un error en la táctica bélica, al separar sus fuerzas de ataque y el paso al enemigo de mecenarios celtíberos lo que provocó un total descalabro. Murieron los dos generales romanos, Cneo en Ilorci y Publio en Castulo.  El ejercito romano quedó aniquilado 
Cástulo
Al año, el hijo de Publio llega a la peninsula. Publio Cornelio Escipión se pone al frente  de las fuerzas conquistadoras, adentrándose hasta la Turdetania. Gracias a nuevas alianzas con pueblos iberos avanzó derrotando a los cartagineses hasta Castulo y Baécula, donde en el 208 a.c. Escipión derrota al cartaginés Asdrubal gracias al apoyo de los guerreros iberos, consiguiendo así Roma controlar el valle del Guadalquivir y llegar hasta Ilipa (Carmona).  Anibal atraviesa los Pirineos y cede Iberia a Roma. Sólo les queda acabar de conquistar algunas zonas del territorio y castigar algunas ciudades que habían traicionado la causa romana, como fue el caso de Iliturgi o fieles a la causa cartaginesa como Astapa, que sufrio un cruento asedio. 
Los iberos veian a los romanos como liberadores de los cartagineses. Terminada la conquista de la Turdetania, comprobaron que se quedaban como nuevos señores del territorio. Los ilergates, a la orden de su rey Indíbil se rebelaron y trataron de liberar su territorio y volver  a sus ritos y costumbres. Fue derrotado en la batalla de Ausa.
Sólo quedaba un enclave cartaginés en Hispania: Gades, abandonada por los cartagineses fue conquistada en el 206 a.c. Pero no supuso el fin de las batallas de Roma, aún tendrían que apaciguar focos rebeldes iberos, sobre todo ausetanos y suesetanos. Comenzaba la romanización de Hispania, dividida en dos provincias: Hispania Citerior e Hispania Ulterior.

Y quizás también quedo un enclave en Urgavo, en Arjona. Quizás el principe íbero Iltirtil también ofreciera resistencia a esta dominación, conservando sus costumbres, creencias,  siendo enterrado con todos los honores dados a su jerarquía y sus rituales iberos.

Una resistencia ibera, como pudo haber una resistencia gala en una pequeña aldea de la Galia. Aunque en Arjona la poción mágica seguro pudo ser nuestro aceite de oliva¡¡