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domingo, 8 de mayo de 2016

SANTUARIO DEL CERRO DE LAS ATALAYUELAS, FUERTE DEL REY.


 El santuario del cerro de las Atalayuelas, en el municipio de Fuerte del Rey, se sitúa en una posición privilegiada. Una elevación que permite el control de su entorno, la entonces Oretania de la campiña de Jaén, que hacia el oeste se abre hacia Arjona, situándolo en línea con su oppidum íbero.

Este santuario se levantaría en la época de las transformaciones que trae al territorio la llegada de Roma, hacia el siglo I a.n.e. El templo se situaba fuera del oppidum, junto a la fortificación. Construido de forma aterrazada, al modo de otros santuarios como el de Castellar o Torreparedones, se han identificado dos espacios. Uno de ellos tendría carácter votivo, como dependencia para las ofrendas.  La adaptación a la nueva cultura colonizadora hace que en el lugar se hallaran junto a la cerámica ibera algunos elementos ya plenamente romanos. El santuario sufrió un importante expolio en el año 2002, pero aún así se ha podido recuperar curiosos objetos como la llave del templo.
Entre las ofrendas depositadas en el edificio sacro destacan dos exvotos muy esquemáticos, que representan dos orantes desnudos, las figuras de un hombre y una mujer, realizados en hierro, con los brazos extendidos y las palmas de las manos abiertas. Una imagen que se repite en exvotos de otros santuarios iberos de Jaén, como los de Despañaperros, realizados en bronce.  Entregar un exvoto al templo es un ritual curativo, para una sanación, por lo que a veces el objeto representa un pie, o una mano. También eran frecuentes, entre otros,  los ritos de fertilidad, como es el caso de los exvotos realizado en piedra caliza de Torreparedones. También puede ser  un ofrecimiento ante la petición de protección a un guerrero ante la batalla.  El exvoto refleja la relación entre el orador y la deidad, su petición o su agradecimiento por el favor concedido.
En el cerro de las Atalayuelas se encontró una estela de arenisca, tallada con un relieve, datada hacia los siglos II-I a.n.e. Una escena de siete figuras, tres femeninas y cuatro masculinas, aunque apenas se pueden distinguir porque su vestimenta es similar, y no tienen apenas adornos o tocados que los hagan diferentes o  identifiquen. Aunque conocida como Danza Bastetana, en realidad las figuras no están danzando, ni nada indica música o algún tipo de ritual. En el Vaso de Liria si quieren mostrar las figuras en movimiento, cogidos por las muñecas, con dos personajes que encabezan la procesión con un aulós doble y una flauta.  No es el caso de la placa de las Atalayuelas. Los personajes miran de frente,  nada indica movimiento alguno, excepto los pies, iguales, girados a la izquierda. No están cogidos de las manos (o las muñecas) aunque se rozan, y la forma de brazos y manos recuerdan el gesto íberio de la oración, de su presentación ante una deidad, vista en los exvotos.

La única diferencia en las figuras es su tamaño, como si quisieran resaltar una jerarquía, una diferencia de edad, destacando más grandes las figuras centrales que por algunos detalles de su vestimenta se puede encontrar alguna peculiaridad entre la túnica masculina y una falda larga femenina. Un hipótesis es que podría ser la representación de un grupo social, una familia en un exvoto común para todos sus miembros. Algo que podría ser novedoso cuando lo habitual es la expresión individualizada en cada exvoto, o la representación en bulto redondo como es el caso de la pareja de oferentes del Cerro de los Santos en Albacete, del siglo II a.n.e.

lunes, 11 de mayo de 2015

EL MISTERIO DE LAS DAMAS: BAZA, ELCHE, GALERA....




Interesante video del programa "La Aventurad del Saber" de TVE, sobre las damas ïberas y los solsticios en Puente Tablas, Jaén.

martes, 25 de enero de 2011

Hallan dos nuevas tumbas en el yacimiento de Cástulo en Linares

Unas excavaciones arqueológicas de urgencia en el camino de acceso al yacimiento de Cástulo, en Linares (Jaén), considerado el "oppidum" (ciudad ibérica fortificada) más extenso de la Península, han sacado a la luz dos tumbas, una ibera y otra romana, con más de siete siglos de diferencia entre ellas.
La directora de la excavación, Yolanda Jiménez, ha explicado que los restos aparecieron al abrir una zanja para dotar de luz al yacimiento y viendo la "importancia" de los mismos y ante el riesgo de expolio se decidió actuar de urgencia.
Durante el fin de semana pasado han trabajado una veintena de personas, en su mayoría no son arqueólogos profesionales, sino miembros de dos asociaciones de Linares que también han aportado sus conocimientos sobre otras materias, y donde además se han turnado para vigilar el lugar durante las 24 horas.
De las dos tumbas, situadas de forma paralela, la más importante es la ibera, fechada entre el siglo V antes de Cristo y el primer cuarto del siglo IV antes de Cristo.
En esta tumba destacan los hallazgos de una crátera ática (vasija) con restos que deberán ser analizados y que podrían pertenecer a una mujer, ya que no se han encontrado armas con las que se solían enterrar los hombres, mientras que sí se ha hallado una especie de lamparilla para quemar incienso, y fusayolas (contrapesos) usadas en telares para elaborar tejidos.
En la tumba romana, al principio se especuló con que fuera una aljibe, sin embargo, cada vez cobra más fuerza la teoría, según los arqueólogos, de que fuera una tumba de una mujer.
Esto lo apoya el hallazgo de una estela funeraria que formaba parte del muro constructivo en el que con anterioridad aparecería el nombre de la mujer, su edad (cuarenta años) y una alocución latina común en los enterramientos "sit tibi terra levis", traducida por "que la tierra te sea leve".
En ese mismo espacio se han encontrado materiales constructivos romanos reutilizados como tejas, tégulas, o ladrillos de engarce.
El yacimiento
Cástulo, además de ser uno de los yacimientos más expoliados y un "oppidum" de los más importantes de la Alta Andalucía, fue la capital de la Oretania, situada en el área norte de la provincia de Jaén, y una de las pocas ciudades que acuñaron su propia moneda desde finales del siglo III antes de Cristo.
Sus ricas minas de cobre, plomo y plata, rentaban al cartaginés Aníbal, casado con Himilce oriunda de Cástulo, 300 libras diarias, y le dieron una gran importancia comercial, tanto en época ibera como romana, a lo que se unía el hecho del que hablan los escritos de que el Guadalquivir era navegable hasta allí y por ella pasaban varias vías romanas.
Un yacimiento, que fue escenario de la Segunda Guerra Púnica, que enfrentó a cartagineses con romanos, y que en breve será puesto en valor para incluirlo en la Ruta del Viaje al Tiempo de los Iberos, que recorrerá los principales yacimientos ibéricos de la provincia finalizando en el Museo Internacional de Arte Ibero de Jaén, en construcción, y que se espera abra sus puertas en 2012.
25.01.11 - 12:01 -IDEAL JAEN

martes, 30 de noviembre de 2010

CARROS Y CARRETAS

Sobre el año 3000 a.c. se generaliza el uso en Sumer de carretas de cuatro ruedas. Carros pesados y toscos. Estos primeros pueden verse en el estandarte sumerio de Ur. 
Era una temible arma de guerra  de los hititas. Sus pesados carros, con el eje en la mitad de la estructura del soporte, permitía llevar tres soldados, auriga, arquero y escudero que lo protegía. Ramses II modifico  este carro convirtiéndolo en una eficaz pieza de combate. Los egipcios desplazaron el eje hacia atrás, lo que permitía tomar curvas a  más velocidad y   más cerradas. Claro que al ser tan liviano tan solo permitía cargar dos soldados, el auriga y el arquero. O incluso el mismo faraón. Lo más novedoso de la época, extremadamente veloz, ligero y resistente. Se fabricaban en Siria, donde abunda el fresno. La madera era  seleccionada: Eje de roble, rueda de olmo, caja de fresno...Pesaría unos 40 a 50 kgs. El suelo estaría formado por un entramado de cuero sin clavos.  Las llantas de las ruedas serían de cuero. Los radios son piezas en forma de V. Objetos carísimos, solo para grandes faraones como Tutankamon. Tan costosos que se incluye como regalo diplomático.  Es un vehículo de prestigio y de guerra, decorado a veces con láminas de oro. Todo un símbolo de poder.
A final de las guerras púnicas, empieza a tener concepto en el mundo funerario, donde un noble inicia el viaje al más alla ataviado con sus mejores ropajes y pertenencias. 
En Tartessos encontramos representaciones de carros en muchas de las estelas  de piedra del suroeste.  Los primeros encontrados en Iberia es la estela de Ategua (Córdoba). Visto en perspectiva aplanada es similar al carro micénico del 800 a.c. Un trazo muy simple de caja, ruedas y no dibujan el timón, con el eje en el centro. Paralelo al eje están los asideros para sujetarse al carro. 
El impacto colonial de los fenicios en Tartessos se hace evidente en la necrópolis de la Joya, en Huelva. Se encuentra un vehículo que posiblemente sea una variante ceremonial, con una plataforma baja y bocín del cubo de la rueda con una pasaejes y cabeza de felino, característico de la nobleza. Los bocines están desgastados, quizá se utilizarían en vida y se usó para el funeral del propietario.
En la Joya aparecen elementos de bocado de caballo, muy especificos. Como el bronce Carriazo o el bronce brifonte que apareció en el yacimiento de Cancho Ruano. En Cástulo aparecen asimismo bronces similares.
Estos carros de ostentación de poder y prestigio social no tienen nada que ver con las modestas carretas íberas de carga, como las que aún perduran por el norte peninsular para el trabajo cotidiano. Son de un mundo muy distinto al de los príncipes. No es el carro de guerra de los faraones. Son carretas de ruedas macizas que los campesinos ofrecen también como exvotos que depositan en santuarios como el de Collado de los Jardines. 
Estas carretas tienen ruedas muy pesadas, lentas, al ritmo del paso y que pueden soportar el peso de piezas de metal. En yacimientos aparecen rastros de estos pesados carros, por  las acanaladuras en el pavimento de las rodaduras de las llantas de metal. 
El carro de los señores que gobiernan los oppidas como Puente Tablas, íberos que se resisten a perder sus privilegios, es muy distinto.   Hasta el siglo I encontramos ruedas en necrópolis de tradicción principesca. El que se encontró en la cámara de Toya es de hierro forjado. Costoso y poco liviano, un tanto tosco, no apto para guerra y muy fragil para carga. Sus ruedas son de carro ceremonial. Frente a los antiguos bocados encontramos elementos muy elaborados como los bronces de Máquiz, cuatro extraordinarias piezas descubiertas en 1860 en Mengibar aunque carecen de un contexto de tumbas  y el propio pasariendas del príncipe de Arjona hallado en la necrópolis de Piquía.  Hasta el próximo 9 de Enero se podrán ver en la exposición del Museo Provincial de Jaén.
Los pasariendas se utilizaban para evitar el enredo de las bridas del caballo. Estos bronces entran dentro del mundo etrúsco, siglo VI,  pero con la tradición de añadirles elementos de bronce tan completos y decorados  que modifica el carro en un objeto más ostentoso.  
La vieja mentalidad íbera del carro para el transporte al más allá aparece en la época más tardía. En el  kálatos de Elche de la Sierra, siglo II a.n.e, aparece  un vehículo con rueda de reja, no de radios, brancales, caja alta. No es un carro ligero de guerra ni ceremonial. Es un carromato de carga al que se aproxima una persona con un caballo alado y una urna.  Es la representación del inicio del viaje al mundo de ultratumba. Empieza a generalizarse, ya no solo es para nobles. Mismo concepto aplicado a un vehículo ordinario, como en la cerámica griega. Ya no es exclusivamente principesco. 
Pero en la necrópolis de Píquia no sucede así, es un gran potentado con un carro de lujo, que se remonta a una larga tradición. Y como objeto personal,  al igual que sus armas y su cerámica, se incluye en el ajuar dentro de la cámara, para el viaje al más allá.

martes, 16 de noviembre de 2010

UNA SOCIEDAD SOFISTICADA

En la antiguedad los iberos eran casi exclusivamente conocidos por su ferocidad en el combate y su caracter belicoso.  En su origen los íberos eran sociedades tribiales continuadoras de las de la Edad del Bronce. Su primer dato en la historia se remonta al siglo V a.c. como mercenarios que participaban en las guerras entre las grandes potencias del Mediterraneo.  Los cartagineses habían contactado con ellos a través de las colonias que fundaran al sur de la península Ibérica y utilizaron sus servicios durante sus campañas, así como los griegos los contratarían más tarde para sus guerras contra Sicilia, calificandolos de "bárbaros". Estrabón incluso los presenta prácticamente como bandidos, "que han recibido por naturaleza la cualidad de bribones y traidores, inclinados a asaltar y robar".
Y poco más nos cuentan esas primeras fuentes. Nada de su cultura, su arte, idioma, religión, sociedad...Por ello los primeros descubrimientos arqueológicos realizados desde finales del siglo XIX produjeron un gran desconcierto entre los arqueólogos e investigadores. La aparición de obras tan extraordinarias como la Dama de Elche, la de Baza y del Cerro de los Santos, la cerámica de Liria o Elche, no encajaba con la imagen de malhechores que habían difundido.
No entendían que los iberos fueran los creadores de obras que delataban una cultura sofisticada y compleja, no admitian que fueran los autores de piezas tan notables, por lo que pensaban que, por ejemplo, la Dama de Elche era obra de origen griego traída a la península por comerciantes. 
Hoy es sabido que a partir del siglo VI a.c. el contacto de los autóctonos íberos con los pueblos comerciantes del Mediterraneo, fenícios, cartagineses y griegos, desembocó en una civilización que daría origen a una cultura original y propia. Los diversos pueblos íberos forjaron y compartieron rasgos culturales determinados, diferenciados de otros grupos peninsulares como celtas y celtíberos. A modo de ejemplo, mantenían unas carácterísticas comunes, como la escritura, conservandose unos 2.000 documentos epigráficos distribuidos por toda el área íbera, distinguiendo dos signarios o alfabetos.
Sin embargo los íberos no formaban un grupo étnico homogéneo.En este sentido es dificil aceptar que la cultura íbera apareciera de forma uniforme en todo el territorio. De hecho cada uno de los pueblos que la integraban tenían distinta artesanía o religión, diferentes estilos.
La llegada de púnicos y griegos aceleró el proceso de diferenciación interna, favoreciento la aparición en los pueblos índígenas de autoridades centralizadas que garantizaban la producción de bienes (metales, cereales...) que interesaban a los colonos y su comercio. Los colonos a su vez ofrecían a las incipientes aristocrácias íberas toda clase de bienes de prestigio: armas, joyas, perfumes, tejidos, cerámica...como las cráteras áticas griegas tan valoradas. 
Así se desarrolló una aristocrácia que ejercía el poder político, que controlaba los recursos económicos y gozaba de un modo de vida a imitación de pueblos del Mediterraneo oriental. En la segunda mitad del siglo III a.c. en los territorios íberos meridionales esta diferencia era manifiesta, por los ajuares encontrados en tumbas principescas como la de Piquía en Arjona. 
En este proceso tuvo particular importancia el control del principal recurso económico de la sociedad íbera: los metales preciosos. Las ricas minas íberas se encontraban en el sur, destacando las galenas argentíferas de Cartagena y Cástulo. Esta riqueza junto al importante desarrollo que alcanzó la agricultura en otras zonas, condujo a la formación de auténticas monarquías, a menudo hereditarias. Surgen así los oppida, verdaderos núcleos urbanos sobre todo en la zona íbera meridional y especialmente en nuestra zona con los oppidum de Atalayuelas en Fuerte del Rey, Torreparedones en Baena, Ategua en Córdoba, Obulco en Porcuna, Puente Tablas en Jaen y Urgabo, en Arjona.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

XIII JORNAS ÍBERAS EN ARJONA

Desde mañana dia 11 de Noviembre hasta el próximo dia 9 de Diciembre, se celebrarán las XIII jornadas iberas en el ayuntamiento de Arjona. Mañana a las 19.30 tendrá lugar la primera de las conferencias a cargo del Doctor Manuél Molinos y D. Francísco Gómez Cabeza, del Centro Andaluz de Arqueología Ibera en Jaén, con el titulo de LA NECRÓPOLIS IBERA DE PIQUIA Y LA TUMBA PRINCIPESCA. 

Este es el calendario y programa de actividades previsto para las jornadas.







lunes, 1 de noviembre de 2010

CERAMICA ÍBERA MERIDIONAL

Siguiendo con la ceramica, veamos cuales eran los modelos en Andalucía. La pintura es el procedimiento más característico de decoración de la cerámica íbera, y la decoración con motivos geométricos  la más frecuente. Los más antiguos, directamente derivados de prototipos fenícios, presentan bandas anchas y estrechas alternantes. En el Cerro de Los Infantes (Granada) un alfar indígena producía ánforas de tipología fenicia a inicios del s. VI a.c. 

Con el paso del tiempo, bandas de semicircunferencias y circunferencias concentricas sustituyen a estas o rellenan los espacios intermedios. A lo largo del siglo IV se produce la llegada masiva de materiales de origen griego. El repertorio de formas se multiplica, con la inclusión de imitaciones de formas áticas: las cráteras en sus distintas formas, esquifos, copas, etc.


Las figuras pintadas de la cerámica griega atrajeron poderosamente la atención de los iberos, pero no las llegaron a imitar, al menos en regiones meridionales. Si imitaron la calidad de los barnices y acabados, produciendo recipientes cerámicos de gran calidad, con engobes negros y castaños, combinandolos sobre fondos blancos, también engobados.
La cerámica de barniz rojo es descendiente directa de la fenicia, aunque con algunas diferencias. En el original púnico el color rojo se produce por medio de un verdadero engobe, es decir, por inmersión del vaso en una barbotina de arcilla semiliquida, que proporciona una acabado final en forma de película de cierto grosor. El problema es que esta capa puede saltar y desconcharse de la superficie, como lo haría hoy una capa de pintura mal adherida. Los  íberos en su versión aplican una tenue capa de pintura con brocha, de acabado más imperfecto, pero el espesor es apenas perceptible.

En la región de la Bastetania, las cerámicas iberas se 
complican y junto a algunas que presentan las mismas características que las descritas, en otras predomina la policromía. Ejemplos de estas cerámicas se conocen en Baza y Galera, siempre en el marco de una tumba rica. Las urnas de Baza que aparecieron en la tumba de la Dama, son de distinta forma y decoración. Algunas son de cuerpo globular en su parte superior y troncocónico en la inferior. De paredes curvas, presentan una decoración polícroma en colores castaños, anaranjados, azules, blancos y negros, que alternan los motivos geométricos complejos con los vegetales. En varios casos encontramos una flor situada en el centro del cuerpo del vaso, rodeada de motivos geométricos o vegetales. 
Restos de decoraciones similares, aunque no idénticas, también se hallaron en la necrópolis de Galera. Es probable que sean imitacines de otras arte, quizás decoraciones parietales, que han desaparecido por completo. Tan sólo tenemos constrancia de su existencia a través de noticias y dibujos esquemáticos en alguna de las tumbas de Galera, que se conservaron bastante bien hasta su destrucción por expoliadores. Es posible que el aspecto general de estas tumbas fuese similar al de algunas tumbas etruscas actualmente conservadas. Pinchad en el enlace:  Tumba Íbera de Galera

viernes, 22 de octubre de 2010

CERÁMICA ÍBERA - LA ALFARERÍA

Como para cualquier otra cultura, la cerámica tuvo un papel importantísimo en la cultura íbera. Se desarrolló entre el S. VII A.n.e., hasta la llegada de la cerámica romana la llamada terra sigilatra, hacia el S. II d.n.e.
Resulta lógico si tenemos en cuenta que la cerámica era ya en esos momentos una técnica antigua y bien conocida, que permitía trabajar de manera fácil y económica una serie de objetos necesarios para el desarrollo de su economía y modo de vida. De cerámica eran muchos de los cacharros de cocina, que  se podían poner directamente al fuego. Y también los recipientes para almacenar las provisiones, tanto sólidas como líquidas.  Para traer el agua, envasar productos que se iba a exportar,  y como recipientes para acoger las cenizas de los difuntos. Abarcaba casi todos los aspectos de la vida, lo que explica la variedad de tipos, formas, calidades y acabados. 
 La cerámica casi es imperecedera, sus restos pueden aparecer inalterados a pesar de los años. No le ocurre lo mismo a la madera o a la piel. Parte de los utensilios de uso más cotidiano fueron construidos en madera, más barato y su duración era menor. Las pieles se utilizarían sobre todo para transportar líquidos. Pero la cerámica no tenía sólo un uso funcional. Su amplia difusión y el uso cotidiano facilitaba  su carácter transmisor de motivos decorativos, ideas religiosas e incluso propaganda personal.
Los iberos consiguieron realizar una cerámica que en algunos casos lograron alta calidad y estética. Para realizarla, procedían en primer lugar a decantar el barro en unas piletas. A continuación modelaban el barro a mano o mediante el torno, que los íberos conocen como herencia del periodo orientalizante, donde llegó a través de los fenicios. 
Una vez formado el vaso se le puede dar varios acabados: un simple alisado, eliminando de la superficie las irregularidades más manifiestas y tapar los poros. Podía consistir en un bruñido, un alisado pero con más esmero e instrumentos adecuados, que le conferían un aspecto brillante. Aunque no fue este el procedimiento más utilizado por los íberos, el más común fue la aplicación de un engobe, capa de arcilla más fina y depurada aplicada sobre la superficie del recipiente, bien con un pincel o bien por inmersión. Al tiempo que lo embellecía,  cubría los poros del cacharro. En la cerámica  sólo dejaban  los poros abiertos en los recipientes  destinados para exponer directamente al fuego. Los poros abiertos facilitaban la absorción de calor.
En ocasiones se podía aplicar a la superficie cerámica, estuviera engobada o no, un tratamiento de pintura, aunque en ocasiones encontramos el estampillado. Esto es la aplicación sobre la superficie del recipiente cuando aún estaba el barro fresco, de una matriz en relieve que dejaba una impronta en negativo sobre su superficie. Menos frecuente es la incisión o el acanalado.
La pintura es, sin embargo,  la principal característica íbera. Se aplicaba antes de la cocción y para ello utilizaban pigmentos minerales, probablemente óxido de hierro, que le daban un tono castaño característico. Los motivos básicos eran geométricos y muy sencillos: líneas paralelas y perpendiculares, circunferencias y semicírculos, rombos, triángulos, etc., que es la más usada en  la zona de Jaén. En otro momento se incluyen motivos figurativos, primero de tipo vegetal y más adelante animales y humanos.
Para realizar esta decoración utilizaban instrumentos sencillos. Pinceles de distinto grosor y compás. Un hallazgo importante fue la introducción del compás múltiple. 
La cocción de la cerámica ibérica se realizaba en hornos bastante desarrollados, que permitían alcanzar temperaturas próximas a los 1.000 grados. Se conservan algunos restos de estos hornos, sobre todo de su parte inferior donde se encontraba la cámara que distribuía el calor, en tanto que la superior, donde se cocían los cacharros, han desaparecido casi por completo. Por los restos conservados, los hornos ibéricos estaban construidos casi en su totalidad de adobe. Este material, pese a su aparente fragilidad, se adaptaba francamente bien a esta función, ya que el calor del horno llegaba a cocer estos adobes que adquirían una consistencia y dureza extraordinarias. Usaban dos sistemas de coccion: por oxidacion o por atmosfera reductora (evitando la entrada de oxigeno).
No todos los hornos ibéricos eran idénticos, era posible distinguir varios tipos.
Pequeños y alargados, de tradición griega.  O  de mayores proporciones, de planta circular. Se conservan las toberas o agujeros que comunicaban ambas cámaras, superior e inferior, pero no se conserva nada de las cubiertas.Algunos restos bien conservados atestiguan el empleo de de una bóveda provisional hecha con barro y restos de cerámica. 
En líneas generales, puede clasificarse en cerámica de cocina, de transporte , de almacenamiento doméstico y de mesa. Aunque no siempre resulta facil distinguir un tipo de otro. Desde el punto de vista de calidad artística esta es nula en la cerámica de cocina, que suele ser basta y mal terminada, así como la de transporte o almacenamiento industrial. Quiza la de mayor interés fuera la de almacenamiento domestico y la de mesa. Son más pequeñas y pueden tener una decoración muy diversa. Esta cerámica ibérica es la de mayor calidad y mejor terminación. 

Ibéricos son también los kálathos, vasos cilíndricos con un borde vuelto al exterior. La cerámica íbera puede interpretarse desde varios puntos de vista, aunque queda claro que existen varias áreas culturales que presentan cierta homogeneidad. A grosso modo, podemos identificar tres grandes zonas: andaluza o meridional, el del sudeste y el levantino u oriental.

martes, 7 de septiembre de 2010

Las armas de los guerreros

Para los antiguos guerreros íberos, sus armas eran un símbolo de su estatus de hombres libres o nobles y de su virilidad. Podían pasar de padres a hijos y era frecuente cuando un guerrero moría que se le enterrase con sus armas inutilizadas, “matadas” junto a su dueño.
A menudo, los romanos se sorprendían de la reacción virulenta de los hispanos al exigirles como parte de un tratado la rendición de las armas. Con rebeliones o resistencias hasta la muerte, grandes lamentos o incluso suicidios.Los guerreros hispanos solían ser los aristócratas de la tribu o los miembros de las familias de la nobleza. Aunque la guerra era practicada por los hombres libres en general de la tribu, tradicionalmente, los mejor armados y preparados eran los nobles.

ARMAS
Los pueblos de las fachadas oriental y meridional de la península debieron padecer, en especial a lo largo del I milenio a.n.e., continuas batidas que tenían como finalidad la captura de mano de obra para las explotaciones y para formar parte de los mercenarios que batallaron a lo largo de estos siglos en el Mediterráneo. El “gladius hispaniensis” que copiaron los romanos, era una espada de origen celtibero. Lo bastante larga para dar buenos tajos, aunque preferiblemente usada para las estocadas. Esta espada dio origen a la sucesión de modelos de espadas usados por Roma desde después de la 2ª Guerra Púnica hasta el siglo IV. Y probablemente a sido el arma que más gente a matado hasta el descubrimiento de la pólvora.

La falcata: Ensis falcatus o sable curvo, el arma más característica y que más controversias ha originado en todas las empleadas por los iberos. Estaban forjadas de hierro de gran calidad y dureza. En los fuertes sablazos, la falcata podía doblarse en el primer tercio de la hoja, donde el arma es más delgada y por tanto más débil. Al ser hierro forjado y batido, podía ser enderezada presionando con el pie la hoja que indudablemente terminaría en punta aunque no fuese un arma para pinchar sino más bien para tajar. Para clavar o dar estocadas, era más apropiado el tipo de gladius hispaniensis.
El origen de la falcata, hay que buscarlo en el Mediterráneo oriental. La llegada de mercenarios iberos a Grecia en la guerra entre espartanos y beocios pudo dar lugar a la adquisición de este modelo de arma.

- Antenae: La espada corta llamada “de antenas atrofiadas” por la forma de su empuñadura no era usual en la cultura ibérica. Casos aislados de hallazgos nos muestran que eran armas conocidas entre ellos.  Tiene una longitud total de 33 a 47 cm con una longitud de hoja de 22 a 36 cm. La hoja  es de doble filo, de gran flexibilidad y dureza.  Ideal para apuñalar en combate cerrado.
El cuchillo afalcatado: es un instrumento de carácter netamente funcional. Su afilación como arma ofensiva viene dada por su aparición en los conjuntos de armas en tumbas de guerreros y sobre todo el haber sido hallados adheridos por el óxido y sujetos por abrazaderas a las vainas de las espadas de la Meseta junto a puntas de faláricas, trágulas, lanzas y regatones de repuesto que el guerrero llevaba de esa forma.
- Lancea y jabalina: Las armas aguzadas con asta tienen una larga pervivencia y gozan de un notable arraigo en las culturas del Mediterráneo. La ofrenda más común y honorable a un guerrero caído era el “soliferruem”.  Una jabalina de unos dos metros y unos 800 gramos toda de hierro con la punta pequeña y algo más ancha que el astil. Un impacto tenía suficiente fuerza para atravesar los escudos. Al fallecer el guerrero ibérico, y como sucedía con todas sus demás armas, el soliferreum era doblado, inutilizado y enterrado junto con su dueño.
 
La falárica: Arma arrojadiza incendiaria, la más contundente arma ofensiva de los iberos. De madera de tejo o abeto, cuya punta era de metal de unos 90 cm de longitud (3 pies) y de sección cuadrada como el pilum. Es un arma corta, ligera y apta para ser arrojada a gran distancia.  La punta de  se cubría con estopa y pez u otro tipo de sustancia combustible. Se prendía la falárica y se lanzaba contra el enemigo, que quedaba indefenso por el fuego al  prender el escudo que solía ser de cuero y madera.


- La caetra: es el  genuino escudo íbero. Circular, pequeño de unos 50 a 70 cms,  fabricado en cuero y tablas de madera, que se empuñaba con un simple  asidero. Es similar en forma y estructura al escudo griego. Permitía la lucha tanto en orden cerrado como en formación abierta o en combate individual. Al morir el guerrero el escudo ardía en la pira funeraria, como las demás armas.

- El scutum: Parece implantarse en la península posiblemente a fines del siglo III a.C. con la llegada de los romanos. Largo y de forma oval, poco adecuado para combatir en abierto, pero muy eficaz en formación más cerrada como lo usaban los romanos. Es el elemento defensivo ideal para la infantería, ya que protege el cuerpo envolviéndolo ante los proyectiles lanzados por los enemigos. Estaba hecho como un panel rectangular, de tablas delgada unidas con cola de animal. Todo este armazón se forraba con cuero u otro tipo de piel y se trababa por un reborde metálico que lo reforzaba y protegía. Uno de los detalles más significativos y representativos es el umbo  o "centro" del scutum. Este presenta una especie de "joroba" de hierro o latón cuya función principal era la de suministrar al legionario una superficie voluminosa y contundente para poder abatir al contrincante que viniera de frente como si se le pegara con una maza.
 
- La coraza o lóriga: Los hispanos, cuya defensa se basaba mucho en la agilidad y habilidad del guerrero, no solían usar armaduras muy pesadas. Eran frecuentes los “coletos” acolchados de material orgánico, como pieles o cuero. Sobre la que se colocaba, si el guerrero disponía de él, una coraza-disco, que era una placa de bronce redonda, que cubría el corazón y las zonas de pecho a su alrededor, y se sujetaba con correas de cuero.Se sabe que los iberos usaban en ocasiones pequeños discos adicionales por ejemplo en los hombros. En general parece que esta combinación era bastante eficiente para lo que costaba y la ligereza que permitía al guerrero.

  -La honda y el arco: armas “de pobres”, no se representan en las estatuas ni dibujos, pero tenían una importante función. Se sabe que los arcos fueron bastante usados en el noroeste galaico y suroeste ibero de influencia semítica (fenicia-cartaginesa).
Los honderos baleares eran verdaderos maestros y apreciados mercenarios. Usaban tres hondas, de diferentes tamaños, para distintos alcances. Y se entrenaban desde niños, usando un pan que sus padres colocaban sobre un palo, y no se lo daban hasta que fuesen capaces de derribarlo con la honda.
La honda puede ser más peligrosa incluso que el arco compuesto, pero requiere mucha práctica, más incluso que con el arco.
Con el tiempo, en las hondas se usaron glandes (proyectiles) de barro, piedra o plomo especialmente diseñados,y podían incluir mensajes obscenos contra el enemigo, propaganda, etc. inscrita en el proyectil.